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Las culpas que tanto odiamos

culpabilidad   Este clima de indiferencia general que se gestó, convierte en harto sensible el asunto que vamos a tratar. Además mi opinión es que: ¡si quieres conseguir el odio de alguien, hágalo sentirse culpable! Especialmente cuando hoy en día el espíritu de rebeldía se ha convertido en una especie de moda, y se lleva encima con un orgullo muy cercano a un desplante de una ninfula quinceañera (si, si, a lo Vladimir Nabokov).

   Sobre el hecho de que el que delinquió (especialmente delitos graves) se siente culpable se ha hablado desde hace unos 3 mil años, o al menos de esto tenemos registros en las antiguas escrituras hebreas. “El malvado huye aunque nadie lo persiga” – se dice en los Proverbios 28:1, según la Nueva Versión Internacional de la Biblia. Luego según los Proverbios 28:17 (para variar escogimos versión Dios Habla Hoy) la sociedad de entonces al parecer comprendía sobre el asunto más de lo que comprende hoy en día: “La conciencia atormentada del asesino lo llevara a la tumba. ¡No lo proteja! La traducción de la Biblia del Nuevo Mundo es aún más explícita en este sentido: “El hombre agobiado por la culpa de sangre respecto a un alma, el mismo huira al hoyo. No lo prendan.” Nos superaban con creces en psicología criminal y humanidad, aunque nos cueste reconocerlo.

pensadores

Modernismo y conocidos pensadores  

  Bueno, – dirán los modernistas, – si esto ya es un vetusto pensar para con la nueva civilización. Y en algo tendrán razón, pues la mentalidad de la culpabilidad cambio, y en parte gracias a muchos pensadores de talla mundial e histórica. Marqués de Sade, Hegel, Herbert Spencer, Max Stirner con su egoísmo justificado, quieran “disculpar” al hombre delante de su consciencia, hablando en términos generales. Según la filosofía de Hegel, a modo de ejemplo, el que es más por algo será, y tiene razón casi en lo que sea. Según Marx, el hombre sirve a la historia, y no importa que es lo que tiene que hacer de camino. Su discípulo Lenin profundizo en este pensar y justifico el terror para una causa justa. Stalin supo aprovechar bien este justificar, con el resultado que todos conocemos. Pero esta ya es otra historia.

 

raskolnikov
Raskolnikov

De nuevo culpas

   Sin embargo las culpas siguen allí. Los clásicos de la literatura mundial lo demostraron de sobra. Por ejemplo todos hemos oído algo sobre Fiodor Dostoievski y su “Crimen Y Castigo”, que está dedicado justo al tormento del héroe principal Raskolnikov por el crimen cometido. Otro clásico, más reciente, el premio nobel de la literatura José Saramago, en su obra más notoria “Ensayo sobre la ceguera” también hablo a propósito de las culpas y sugirió, – si bien me acuerdo, – que estas tienen como repercusión aquello de que “el peor ciego es aquel que no quiere ver”. Conténtanos constatar que hasta la medicina al día de hoy empieza a reconocer que inclusive las ulceras estomacales suelen venir más de los que nos come que de que comemos. “Torturante por lo obsesiva” – observaba Poe en cuanto a la culpa se refiere. Luego, hasta el silencio se convierte en el testigo de la acusación.

  ¡Qué remedio! Habrá, por ende, de asumir estas dichosas culpas y seguir adelante… Al menos esta parece la conclusión más lógica en una primera instancia. Pero como vamos a ver: la ironía nunca se ensaño tanto con el sentido común como en este caso.

homer simpson
Yo no soy culpable: tu si lo eres.

¿Asumir las culpas? ¡Jamás!

   ¿Y cómo se suele proceder en estos casos? Pues al parecer la opinión oculta general que reina suena a algo que parece una cita de Homer Simpson: ¿para qué cargar con las culpas si se les puede echar al otro? Y se les echa: a su familiar que “siempre parece molestar con algo”, al delincuente “que parece tener la culpa de toda la maldad”, al vecino de enfrente de la casa “que nos mira con tanto desprecio”, al político de turno que siempre “hace algo mal”, al complot mundial, etc. ¡Ojo! Aquí nadie intenta sostener que esas cuestiones no están presentes en nuestras vidas. Pero la pregunta es: ¿en qué medida? Nosotros podríamos contestar a esta pregunta con una expresión de intelectual en el semblante, y con palabras sofisticadas y biensonantes como se suele hacer en la “buena prensa”. Pero mentiriamos, y la verdad es que no lo sabemos.

 

 

 

inconsciencia feliz¿Pero entonces …?

  Ahora todo parece tan ebrio y claro, en las prisas con las cuales el mundo entero condena a quien sea. Pero esta es precisamente la penumbra del crimen: el cautivar ciego de quien define la apariencia como verdad y el hecho de que a esta ni siquiera se la quiere ver,- como decía Saramago. Pues el hombre es la única creatura que quiere dormir en la inconsciencia de lo que ocurre, y así abrazar el tan confortable autoengaño. Detrás se esconde la culpabilidad. Aquella misma culpabilidad y sospecha de que no actuamos correctamente, y la que además impide tener fe en Dios según parece. Eso se puede deducir fácilmente de lo que decía apóstol Juan ya en el primer siglo (1 Juan 3: 21-22).

no se lo digan a nadie

¡No se lo digan a nadie!

  Y si volvemos sobre el asunto de los presos, o la otra vertiente del tema, es decir, sobre aquellos que los acusan, veremos que estos últimos se sienten de algún modo aliviados del peso de la responsabilidad, culpando al otro. Si un caco mata a una panadera para quitarle las ganancias del día, ¿Quién va a inculpar a la sociedad, o hasta a la panadera (por ejemplo por no comportarse adecuadamente delante un desquiciado)? No. Públicamente condenaremos al delincuente y jamás nos atreveremos a pensar que tuviéramos algo que ver con el asunto. Porque así es más fácil. Pero se declarara inconsistente sostener tal punto, pues la afirmación “lógica” que se plantea será: ¡pues yo no hice este mundo como es! Y es verdad: ¡no lo hizo! Aunque contribuye al estado general de las cosas con el mismo tipo de conductas, pues si robamos algunas palabras al genio y premio Nobel de la literatura alemana Hermann Hesse “…ocultamente si tenemos participación en los horrores de la situación”. No, tampoco Hesse fue muy original en esta cuestión. Pues ya Dostoievski se le adelanto con casi 100 años declamando: “¡Todos somos culpables por todo!” Pero no se lo digan a nadie, pues ya les advertí: ¡os odiaran por ello!

                                                                                                                                             Autor Viorel Tsiple

¿Qué es la esclavitud legalizada y porque lo mantenemos en secreto?  Pinchar aquí (o en las palabras “esclavitud legalizada”).

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