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Dios no existe o no puede no haber Dios?

no puede no haber Dios
Dios existe?

      Dios no existe o no puede no haber Dios? Los científicos del Instituto de física solar-terrestre de la rama siberiana de la Academia de Ciencias de Rusia han declarado recientemente que 80 objetos extraños fueron encontrados en el universo, – fueron llamados ROKOS, – objetos que parecen estrellas, pero que no lo son. El empleado del Instituto Grigori Besskin sugirió que «Estos son un tipo de faros, establecidos por civilizaciones poderosas para algunos fines»…
El científico fue complementado por su colega Sergey Yazev: «Un par de décadas atrás ‘echar la culpa’ a las civilizaciones extraterrestres la interferencia en la estructura del Sistema Solar sólo podía un científico que no se preocupaba por su reputación. Pero no se puede discutir con los hechos. Supongamos que estamos estudiando el sistema solar ‘visto desde fuera’, desde una de los sistemas estelares. ¿Y qué es lo que queda por pensar, viendo que tenemos un montón de ‘patrones exactos tan extraños’?»
Los astrónomos han prestado atención a todas estas cosas extrañas desde hace mucho tiempo. Resultó ser que los parámetros de la parte del sistema solar donde se encuentra nuestro planeta son sospechosamente «ajustados» con precisión para crear condiciones apropiadas para la vida. Hablamos de la velocidad de rotación de la tierra, del ángulo de su inclinación, de la distancia exacta del sol, de la presencia y la masa de la Luna, hablamos del enorme y cercano Júpiter y de que gracias a su masa este intercepta un gran número de cometas y asteroides que pasan volando…
Uno en mil millones
Pero resulta que los milagros no están en menos cantidad también en la tierra. La aplicación de métodos de ciencias exactas (en particular, física, teoría de probabilidades, informática…) al estudio de objetos biológicos dio resultados asombrosos. Teniendo probabilidad, los científicos han llegado a la conclusión de que para la ocurrencia accidental de la vida en nuestro planeta no había ni una posibilidad de miles de millones.
Probablemente la primera ducha fría para los ateos fueron los datos dados en la Primera Conferencia Internacional sobre los problemas de comunicación con las civilizaciones extraterrestres en 1978, en la que los cosmologos debatieron activamente el problema del origen de la vida en el universo. Una proteína simple puede estar compuesta de 100 componentes, llamados aminoácidos, entre los cuales 20 son necesarios para la vida.
Por lo tanto, la probabilidad de su asociación accidental en el orden apropiado para formar una molécula de la proteína, que consiste en 100 aminoácidos, es igual a 20 al menos 100-ésimo grado, o alrededor de 10 al menos 130-ésimo grado. Los científicos han calculado que todas las partículas elementales del universo, interactuando billones de veces por segundo a lo largo de su existencia, pueden, sin embargo, no formar esta proteína.

Dios no existe o no puede no haber Dios

     Un número aún más llamativo es el número necesario de combinaciones para la formación accidental de enzimas, que equivale a 10 al menos 40.000-ésimo grado… Un profesor cosmólogo bastante famoso de matemáticas aplicadas y de la astronomía en la Universidad de Cardiff (Wales) N. C. Wickramasinghe en el artículo «reflexiones de un astrónomo sobre la biología» comentó esto de la siguiente manera:
«Antes un huracán que barrió un cementerio de aviones antiguos reunirá un nuevo avión de la chatarra, que resultará la vida de sus componentes de un modo accidental.»
Pero para explicar cómo llegaron los científicos a esta asombrosa conclusión, necesitamos hacer una pequeña incursión en la historia del tema que nos preocupa.
Los muertos no dan a luz nada
Durante hace mucho tiempo existieron tres teorías del origen de la vida en la Tierra que eran las más populares. La Bíblica, que mantiene que Dios creó el mundo y los seres vivientes en ella durante seis días, o periodos según el significado Bíblico de la palabra día. La hipótesis Panspermia, aparecida en el siglo XIX por G. Richter y según esta la vida es traída a nuestro planeta desde el espacio. Teoría del A. Oparin, según la cual la vida en la tierra se originó espontáneamente en el océano primario, millones y millones de años atrás.
Es justo el trabajo de Oparin «El origen de la vida» (1924) el que durante mucho tiempo fue servido por los ateos como un nocaut infligido por el materialismo a la teología y la filosofía idealista, que afirmaron que el origen de la vida es el resultado de un acto creativo de Dios o de la Inteligencia superior.
La alegría de los ateos era natural. Su lucha con los teólogos comenzó con los ingenuos supuestos de los eruditos medievales de que la vida es el resultado de la generación espontánea y en nuestra era geológica (por ejemplo, el alquimista belga I. Helmont creyó que una mezcla de harina de trigo, polvo y trapos viejos en los áticos de las casas puede engendrar ratones). Después de que los materialistas han hecho un largo camino, y obtuvieron algunos resultados, — especialmente con la ayuda de algunos experimentos particulares, — no consiguieron formular alguna teoría clara y de conjunto.

    En cierto sentido, la salvación para ellos era la hipótesis de la Panspermia, según la cual los «gérmenes de la vida» (los microorganismos más simples) fueron traídos a la tierra por los meteoritos o el viento solar. Es curioso que al principio el materialismo recibió la Panspermia «a bayonetas», aunque esta aparentemente les ayuda salir del callejón sin salida en el que llego, alegando que la vida en la Tierra surgió por sí misma. Luego se dio cuenta y volvió repetidamente a la teoría de Panspermia, cuando entró en otro rincón sin salida en sus intentos de corroborar, como apareció en nuestro planeta la vida en toda su diversidad por si mismo. (No vamos a entrar en detalles de que los cientos de miles de grados quemarían cualquier rastro de la vida en una cometa.) 
Así que a primera vista, una teoría bastante consistente de Oparin parecía ser la tan esperada respuesta a esta antigua pregunta. Brevemente, lo esencial de la misma es lo siguiente. En el caldo primigenio, que cubría la Tierra, había muchos compuestos del carbón, de los cuales se formaron los polímeros orgánicos, recolectados por las llamadas gotas coacervadas. Estas gotas, absorbiendo del caldo circundante, — rico en sustancias, — energía, aumentaron en volumen y peso. Evolucionando gradualmente por millones de años, se volvieron primero en protobiontes (separado del amasijo del sistema de materia orgánica), y luego en las células más simples-protocelulas, ya poseyeron propiedades de seres vivos.
Al principio parecía que los experimentos confirmaban el concepto. Oparin con su personal logró la formación en el caldo orgánico de gotas coacervadas. No sólo que crecieron en tamaño, absorbiendo diferentes sustancias, sino que además el conjunto de estas sustancias y la tasa de su absorción se determinó por la composición y la estructura espacial de las mismas gotas. ¡Parecía que al igual que los sistemas biológicos, absorben del medio ambiente no todo al azar, sino que cada uno su propio conjunto de sustancias!
Pero las coincidencias acababan aquí. Muchos científicos y en muchos países han cocinado el «caldo de Oparin» en diferentes modos con diversos aditivos, irradiándolo con diferentes tipos de radiación… Pero el resultado fue siempre el mismo: ¡las gotas coacervadas formadas aumentaban, sin embargo… categóricamente se negaban a reproducirse! En otras palabras, no han formado formas similares, que pueden funcionar en cierto algoritmo en ciertas condiciones, y luego pasar esta característica a la generación siguiente.

El caldo primigenio

   Oparin consideró lo deseado como lo real. Tal vez su obra debería llamarse no «El origen de la vida», sino «El origen de las condiciones apropiadas para la vida». Porque al final no logro explicar cómo la etapa físico-química de la evolución en la naturaleza pasó a ser la biológica. Y cómo surgió una de las diferencias fundamentales básicas entre lo no vivo y lo vivo: la diferencia en cómo interactúan con la información.
Su esencia puede ser demostrada por el siguiente ejemplo. Por ejemplo, si la temperatura en cierta región del planeta cae gradualmente, el agua en los lagos también se enfría y eventualmente puede convertirse en hielo. Es decir, como resultado de la recepción de información en forma de disminución de la temperatura el agua pasa a otro estado de agregación. Las criaturas vivas que viven aquí, reaccionan de manera diferente, o migran a los lugares cálidos, o, si el cambio climático ocurre gradualmente, adaptarse a ello: por ejemplo, cubriéndose con lana o engordando. Y, lo que es aún más importante, estas cualidades son transmitidas a los descendientes. Pero si de hoy a mañana la temperatura sube para arriba a temperaturas por encima del cero, entonces el agua se convertirá otra vez en líquido, no obstante, los animales durante la noche no bajaran la grasa o las lanas recibidas de sus antepasados como protección contra un frío.
Esta comparación probablemente puede parecer una afirmación demasiado simplista de la cuestión, pero aún en términos generales da una idea de la ruptura cualitativa en la interacción con la información entre el no vivo y vivo que debería haber superado la materia durante la evolución. Como consecuencia, este es un salto, cuyos resultados se registran solo en el fenómeno inherente sólo a lo vivo: a la herencia viviente. Pero la pregunta de cómo exactamente sucedió este salto los materialistas no tienen una respuesta inteligible.
Darwin no tenía suficiente información
Con la herencia está conectada otra impresionante propiedad de la vida en la naturaleza de nuestro planeta: su diversidad. Los materialistas, polemizando con los idealistas y teólogos, hacen referencia siempre a la teoría de la selección natural de Darwin, al descubrimiento del fundador de la genética, Mendel y sus seguidores.
Toda la vida es capaz de producir más descendencia de lo que es capaz de alimentar la naturaleza. Además, una parte de esta descendencia tiene desviaciones del conjunto estándar de rasgos hereditarios, es decir, las mutaciones. Aquellos individuos cuyas mutaciones coinciden con los cambios en el medio ambiente reciben ventajas en términos de supervivencia. Los otros se están muriendo. En otras palabras, los menos adaptados a las condiciones de la existencia son eliminados en el curso de la selección natural.
Más tarde, a principios del siglo XX, una hipótesis muy popular fue que la aparición de la vida en la tierra es el resultado de la formación accidental de una sola «molécula viviente», en cuya estructura supuestamente se puso todo el plan para un futuro desarrollo de la vida. En 1953, J. Watson y F. Creek descubrió el papel de los ácidos ribonucleicos en la implementación del mecanismo de la herencia. La hipótesis de que todas las cosas vivas evolucionaron de una célula más simple en la que la molécula viva se transformó, parecía ahora ser corroborada a nivel molecular.
Las moléculas de ácido desoxirribonucleico (ADN), similares a una espiral, almacenan información biológica. Cuando una célula viva se multiplica por división, se produce la replicación: duplicando las espirales de ADN, y cada una de las dos células nuevas hereda un conjunto completo de información hereditaria. Las mutaciones ocurren como resultado de errores de replicación. Es decir, durante la duplicación de espirales de ADN en la división de células hay una recomposición parcial de las partes constitutivas de las moléculas de ácidos ribonucleicos.

   Cuando se trata del mejoramiento evolutivo de las especies ya existentes, todo lo anterior suena convincente. Pero cuando se trata de la diversidad de la vida en general, la probabilidad de que haya surgido de esta manera es altamente cuestionable. Una vez más, voy a citar el artículo de Wickramasinghe:
«Es absurdo creer que la información que una simple bacteria lleva, por replicación, puede ser desarrollada para que haya un ser humano y todos los demás seres vivos que habitan nuestro planeta. Este así llamado «sentido común» equivale a la hipótesis de que si la primera página del libro de Génesis se reescribe miles de millones de veces, resultará en la acumulación de suficientes errores de replicación y, por lo tanto, a la diversidad suficiente para la aparición no sólo de toda la Biblia, sino también a la aparicion de todos los volúmenes almacenados en las bibliotecas más grandes del mundo.
Estas dos declaraciones son igualmente absurdas. Los procesos de mutaciones y selección natural pueden tener sólo un impacto menor en la vida, actuando como un cierto «afinamiento» de toda la evolución. Para la vida, para empezar, es necesaria la entrada constante de información que en tiempo cubre todas las épocas geológicas».
Los sistemas de información, y todas las formas de vida, no pueden progresar sin la entrada de nueva información. Si los organismos vivos en la tierra sólo acumularan errores debidos a la replicación, resultaría en la degradación de la información en estos. En otras palabras, la afirmación de que todas las especies que existen en la Tierra, incluidos los seres humanos, han evolucionado a lo largo de miles de millones de años a partir de una única forma primitiva de vida en la forma descrita anteriormente, es incoherente en términos de la teoría de la información…
Para qué necesita un orangután el piano
La mente humana es un otro fenómeno al que el materialismo no ha podido dar una explicación clara. La declaración de los científicos materialistas de que el pensamiento de la persona es el resultado de las reacciones bioquímicas en su cerebro por lo general no explica nada. En el cerebro de los monos también hay reacciones bioquímicas. Pero, ¿por qué los resultados de estas reacciones son tan contrastados, dado que, por ejemplo, la información hereditaria de los chimpancés y de los seres humanos no coincide sólo en un 3 por ciento?
Es proverbial la descripción de cómo atrapan monos en la India: ponen una naranja en una caja, en una de las paredes de la cual se hace un agujero de tal tamaño que el mono apenas podría deslizar por allí su pata. Agarrando la naranja, el ya no puede sacar la pata del agujero estrecho. No importa cuántos intentos dolorosos se producen, simplemente no deja la naranja. Es decir, el nivel de pensamiento del primado es tal que no es capaz de hacer la conclusión más simple (y vital) de lo obvio. ¿Por qué entonces el «pariente» más cercano de los monos (el hombre) es capaz de hacer conclusiones que contradicen lo obvio, pero que corresponden a la realidad? Por ejemplo, incluso antes de que el viaje de Magallanes alrededor de la tierra se había concluido en cuanto a la esfericidad de la Tierra, y antes de volar al espacio se concluyó de que esta gira alrededor del Sol, y no viceversa.
   O, ¿cómo los genes humanos necesarios para el desarrollo de teoremas matemáticos, para la creación de obras musicales y literarias podrían ser formados accidentalmente a partir de los genes de los monos, si en el curso de la selección natural sólo se escogía lo que es necesario en el momento de la supervivencia? ¿Cuándo y en qué jungla a los chimpancés o a los orangutanes, para sobrevivir les era necesario pasar a los descendientes signos hereditarios que permiten a estos, (es decir, a nosotros) tocar el piano en un futuro?

Es revelador a este respecto los numerosos intentos fallidos de crear inteligencia artificial. En cierto sentido, la tarea en el momento de su puesta en escena es absurda: la mente humana intenta modelarse antes de que haya sido capaz de definir lo que representa. Y sigue siendo una pregunta, si el hombre algún día será capaz de dar tal definición en el caso de que este no es una consecuencia del desarrollo natural, sino el resultado del acto de creación.
El bioquímico Michael J. Behe en el libro «La caja negra de Darwin» llamó la atención sobre el hecho de que los objetos biológicos están funcionando tan claramente como los sistemas de información y que parece que alguien los programo matemáticamente. Y planteo el concepto de diseño consciente, la idea de la máxima: «No puede haber un programa sin un programador». Guiado por esta máxima, el matemático U. Dembovski ha desarrollado un método por el cual se pueden identificar los objetos construidos artificialmente. El hombre, «probado» según Dembovski, se metió en la categoría de creado artificialmente…
La ciencia se convierte en un pilar de fe
Las ciencias físico-matemáticas y biológicas se desarrollaron durante mucho tiempo en paralelo, casi sin cruzarse. Su convergencia ha dado resultados sorprendentes, como se ha comentado anteriormente. Y esto mismo ha influido radicalmente en la contemplación de los propios científicos.
A comienzos del siglo XX, el ateísmo tenía posiciones tan fuertes en el ambiente científico que la fe en Dios era considerada casi de mal tono. En el umbral del siglo XXI la situación cambió cardinalmente. A juzgar por las numerosas declaraciones de los propios científicos, a medida que el conocimiento del mundo progresa, el materialismo entre ellos se vuelve menos popular, concediéndose la asunción de la existencia de un Principio Razonable, a un nivel educativo e intelectual inferior llamado simplemente Dios.

Por cierto, al final de su vida creyó en él incluso el A. Einstein, notando la sofisticación de la creación: «Dios es sofisticado, pero no mal intencionado.» Bueno, y el ya citado Wickramasinghe escribió:
«El concepto del Creador, colocado fuera del Universo, plantea ciertas dificultades de naturaleza lógica, y no creo que puedo aceptarlas. Doy mis propias preferencias filosóficas al Universo eterno y sin límites en el que, de alguna manera natural, surgió el Creador de la vida, una mente muy superior a la nuestra.»

Traducido del ruso: http://www.softmixer.com/2012/11/blog-post_13.html?m=1#

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