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¿Es el sentido comun el menos comun de todos?

el sentido comun

sentido comun

Seré franco: este artículo se plantea demostrar si realmente nuestro sentido comun es el menos común de todos. Nada más. Acaso se objete que es una observación dura, con lo cual empezaré por la historia a que no se crea que es algo de hoy o ayer, o que es algo que se lo ha inventado el autor de este artículo. En efecto, ya desde tiempos de antaño nuestro sentido comun dejaba de desear, pues hace mucho tiempo que las cometas por ejemplo nos anunciaban la muerte de los cesares, o la proximidad de la muerte del emperador Vespasiano en otro caso, – quien ademas dio al asunto una nota exótica, defendiéndose que las cometas tenían pelo, mientras él era calvo –. Eran las cometas también prueba de la ira divina, aunque si hablamos del caso de la Iglesia: en la Biblia no parece haber tal insinuación. Hasta que llego el descubrimiento de Edmund Halley sobre el hecho de que al menos una cometa giraba alrededor del Sol en una elipse regular, y por la prueba de su amigo Newton quedo patente de que obedecen leyes gravitacionales. He conocido por la primera vez estos curiosos hechos históricos en un trabajo del filósofo ingles Bertrand Russell (Elogio de la ociosidad). En otra obra suya (Homogeneidad moderna), encontré otra curiosa reflexión suya a propósito del asunto que nos concierne: “La estandarización, aunque pueda tener desventajas para el individuo excepcional, probablemente aumente la felicidad del hombre medio, puesto que puede omitir sus opiniones con la certeza de que serán semejantes a las de su oyente.” Y el hecho de que el juicio emitido es verdadero o falso ya poco importa para el sentido comun.

La gran Roma y el sentido comun

el imperio romano
el imperio romano

Sería una gran pena no ahondar un poco más en la historia, porque está repleta de enunciantes ejemplos en cuanto a aquello que llamamos el sentido comun. Los historiadores han debatido desde tiempo inmemorial como llego Roma a dominar el mundo occidental. En el siglo ll a.C. el historiador griego Polibio dedico a la cuestión cuarenta volúmenes, y dictamino que Roma estaba movida por un afán compulsivo de dominar, opinión con la cual es difícil no quedar de acuerdo. Por su parte, los romanos aseveraban que el suyo era un imperio occidental creado durante el proceso de defenderse ante sus invasores. Sobra decir que en este sentido poco o nada ha cambiado, pues entre los últimos que así declararon fueron Napoleón, Hitler y EE UU como país, solo que ahora se le llama guerra preventiva. El colmo es que nuestro “sentido comun” aun considera tal opinión como certera, digo, en la mayoría de los casos, por supuesto que si.

sentido comun
reyes y sentido comun

Porque los hombres hacen de la excepción la regla

En cuanto a la historia se refiere una pregunta me invade desde hace mucho tiempo: ¿Porque los hombres hacen de la excepción la regla? A mi ver la mejor respuesta (lo leí en algún lugar) es porque la excepción destaca (especialmente en la historia), y al destacar acapara la atención. Entonces, se convierte en regla. Además lo rutinario poco entra en la historia: pues no evoca nada nuevo y es aburrido contar lo mismo. ¡¿Cuántas veces hemos oído opiniones de lo malo que era el mundo antiguo por la cantidad de guerras que había?! Sin embargo el siglo con más guerras y muertes estadísticamente hablando es el siglo XX. ¿O cuántas veces hemos oído hablar de lo mal que lo pasaban las civilizaciones antiguas (y lo pasaban mal, aunque no mucho peor que hoy) o algunos pueblos “salvajes” de la historia más reciente?, sin pensarse en la duda que planteo Rousseau en su obra “El origen de las desigualdades…”: “¿Quién podría medir este malestar?” ¿No de la comparación vive el hombre? Y nosotros comparamos otros tiempos y pueblos a los que llamamos salvajes con el nuestro, aunque los de entonces o los pueblos más salvajes no tenían nada con que comparar. Pero aun esto no es lo peor de nuestro “sentido comun”.

sentido comun
exito que engaña y poco de sentido comun tiene

El sentido comun y lo bonito que engaña

   El gran orador romano Cicerón hace mucho tiempo se dio cuenta que para su oficio no hay nada más importante que inclinar al oyente del lado de orador emocionalmente, y que la gente juzga mucho más por los “impulsos del alma” en detrimento a la verdad. El gran filósofo alemán Schopenhauer en su “Aforismos” concluyo que lo “vistoso, contemplativo e inmediato” actúa más directamente en nuestra voluntad, por lo cual recomendaba ser señor encima de las impresiones y las contemplaciones. Más tarde Freud se dio cuenta de que las “bajas pasiones” que provocan las decisiones nacen en el subconsciente, y los marketologos o los políticos de hoy aprovecharan y perfeccionaran estos conocimientos al máximo. De modo parecido proceden, – conscientemente o no, – muchos de los medios de comunicación cuando identifican necesidades psicológicas, eso sí, sin olvidarnos que la necesidad de saber la verdad también es una necesidad psicológica, solo que lo es para una minoría. (Últimamente hasta se habla de ciertas instituciones internacionales que promueven este tipo de reaccionar impulsivamente a nivel global en detrimento del pensar frio y racional, pero de momento no vamos a entrar allí.) Enunciante también en este sentido es el ejemplo de Quentin Tarantino, quien demostró al mundo entero que no hace falta sentido común: con las sensaciones fuertes nos sobra para contentarnos. Pero de qué sentido común vamos a hablar si nos confiamos nuestros destinos a unos políticos que sabemos que si no son corrutos ya, pronto lo serán, y aquellos que no lo son serán pobres marionetas de las corporaciones internacionales. Aun así, todos pretendemos ser cuerdos… ¿No es esto una locura?          

                                                                                                                  Viorel Tsiple

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